Fresco y claro, como el arroyo en la montaña, como el viento en las hojas y en la cara. Tibio y claro, como el desperezarse bajo las sábanas, como el sol tras la madrugada. Limpio y claro, como la comprensión en las miradas, como la emoción antes del cálculo y la palabra. Libre y claro, como el azul en la soledad y en las alas, como la senda que fluye espontánea.
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