sábado, 27 de enero de 2018

EL MIEDO


   El miedo es una emoción de nuestro ego, vital para la supervivencia. Sin miedo los niños morirían muy pronto, pues no evitarían los peligros. El miedo es un dolor emocional incontrolable y muy variable que se produce en nosotros ante situaciones de peligro o ante situaciones que no deseamos. 

   El dolor emocional producido por el miedo físico, de forma natural produce tres reacciones: Defensa, ataque, o alejamiento y evitación de aquello que representa peligro o dolor. Dependiendo de la intensidad del miedo, de nuestras energías, de nuestras experiencias, o de nuestras reflexiones, optamos por una de las tres.

   En nuestra sociedad, las situaciones de peligro físico son pocas, así, la mayoría de nuestros miedos se deben a los ataques de los demás o a las reacciones que éstos puedan mostrar hacia nosotros. Ante estos peligros sociales también se producen en nosotros las tres respuestas naturales que mostramos ante los peligros físicos. Sin embargo, las presiones sociales no nos permiten siempre reaccionar de estas maneras. 

   Se nos desprecia por cobardes si no afrontamos el peligro. Se nos puede tachar de inmorales por los métodos usados a la hora de atacar, e incluso podemos ser culpados por los métodos usados cuando nos defendemos. 

   Cuando el individuo puede reaccionar de manera natural ante su miedo, saca el fuego que lleva dentro, y cuando el peligro deja de existir deja de sentir miedo y odio por quienes le han puesto en peligro. Sin embargo, las presiones sociales limitan muchísimo las reacciones naturales del individuo y eso significa que no puede sacar ni todo el fuego que lleva dentro, ni sobre todo, el humo producido por esa llama que es la emoción del miedo se convierte en algo tóxico en el interior del individuo, una toxicidad generalmente en forma de rencor, o de frustración, o de falta de autoestima.

   Otro aspecto importante del miedo es su relación con los deseos. Si no tuviéramos deseos de aquello que no necesitamos para nuestra supervivencia, o de aquello que no necesitamos para ser libres y vivir en armonía, nuestros miedos se reducirían muchísimo. Si hubiéramos alcanzado la armonía con el fluir natural de las cosas, no nos veríamos como un ego, y si no nos vemos como un ego, nada temeríamos, pues es nuestro ego el único que siente miedo. 

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