martes, 7 de agosto de 2018

MIEDOS, CREENCIAS Y LIBERTAD


  Los miedos.

   Los miedos más básicos son los miedos físicos, los cuales son unos mecanismos de supervivencia para apartarnos de los peligros, para evitarlos, o para huir de ellos. Son emociones más o menos intensas dependiendo de cada personas, pero si bien a veces podemos actuar a pesar del miedo, sentir miedo es algo incontrolable. Estos miedos nos roban libertad, pero nos salvan de los peligros, y forman parte del natural fluir de la vida. 

  Los miedos ligados directamente a los deseos surgen siempre que tememos algo, o que estamos apegados a algo. Este miedo puede permitirnos conservar lo que tenemos ("El miedo guarda la viña"), pero siempre limita nuestra libertad, e incluso puede esclavizarnos a lo que tenemos. 

   Seguramente los miedos más habituales son los miedos a las reacciones de los demás. Unas veces son miedos físicos, otras veces están ligados a nuestros deseos y a nuestras emociones ya que los demás pueden darnos o quitarnos cosas, pueden ser hostiles, despectivos o amistosos, pueden humillarnos o halagarnos, etc. A estos miedos también podríamos considerarlos como emocionales, y pueden permitirnos ganar el amor de los demás o conservarlo, pueden evitar que los demás nos causen daños físicos o emocionales, pero siempre nos restan libertad. Pueden ser más o menos intensos dependiendo de las situaciones y de las personas, pero sentir miedo es incontrolable.

   Los miedos existen porque nos vemos como un ego que teme morir y recibir dolor, porque nos vemos como seres únicos y separados del mundo que nos rodea. Sólo cuando la evolución de nuestro camino espiritual nos lleve a vernos como parte del flujo Natural del Universo, de la Naturaleza, de la Vida, cuando dancemos al ritmo de todo ello, entonces comprenderemos que somos parte de un todo eterno, y sólo entonces dejaremos de sentir miedo. 

   Y mientras tanto, puede que ante el miedo podamos controlar algunos de nuestros actos, pero no todos, y aprenderemos y comprenderemos mucho si somos conscientes de los deseos y de las reacciones que nuestros miedos nos producen, y aprender y comprender es siempre parte del camino espiritual, pero aprenderemos poco si entramos en conceptos como la valentía y la cobardía, pues ambas actitudes no sólo se escapan al control de nuestra voluntad, sino que son conceptos moralistas ligados a la creencia de que lo más importante es conseguir lo que se desea. 





  Las creencias.

  Existen muchísimas creencias sobre todos los aspectos de la vida. Las creencias pertenecen al ámbito de nuestra mente, pero nuestra mente no está capacitada para comprender la verdad completa de las cosas, y así, unas veces nos acercamos más que otras a la realidad de las cosas, por lo tanto, tener una creencia es siempre una visión incompleta o inexacta de las cosas, y a veces una visión completamente errónea. Pero lo peor de una creencia es creer que es superior a las demás, que es la única cierta, que es lo que da sentido a nuestra vida, y creer esto está muy presente en nuestros pensamientos mucho más de los que gusta admitir. 

   Pero las creencias juegan otro papel muy importante en la vida de las personas: Nuestro ego identifica nuestras creencias con nuestra verdadera identidad, como nuestro verdadero ser, y si esas creencias son de tipo moral, las identifica con nuestra dignidad, con nuestros más hondos principios. 

   Hay creencias orientadas a los aspectos sociales, y unas defienden más libertades y más derechos sociales que otras. Otras, por el contrario, justifican las tiranías en nombre de la seguridad, de la defensa de ciertos principios, y de conseguir los deseos, las necesidades y los derechos de todo tipo. 

   Las creencias determinan muchos de nuestros deseos, los orientan, los empujan y los atraen, pero a veces también chocan con ellos, sobre todo con la parte moralista de nuestras creencias, y todos estos aspectos nos restan libertad y nos causan fuertes tensiones y agitaciones. 

   En el terreno de la libertad interior del individuo, no importa cuales sean sus creencias, lo que hay que tener en cuenta es que cuanto más intensas sean esas creencias, menor será su libertad, pues una creencia siempre tiene una parte rígida, y esa rigidez nos obstaculiza para adaptarnos al natural fluir de las cosas, nos pone muchos obstáculos a la hora de aceptar lo nuevo, y esto nos lleva a intentar dominar el flujo natural de las cosas, y al intentar dominar nos atamos a todo lo que tenemos que hacer para dominar las situaciones, y nos atamos al deseo de que las situaciones sean como deseamos que sean. 

   Si nos liberamos de nuestras creencias, (y hay momentos de plenitud o de serenidad en los que lo conseguimos), nos queda la relación directa con las cosas y con nuestro propio interior, nos queda la comprensión sin filtros, nos queda la intuición, nos queda la conciencia, y es en estos aspectos donde reside nuestra libertad interna. 



   Puede que nos resulte imposible librarnos de algunas creencias, puede que nos resulte difícil reducir la intensidad de nuestras creencias, pero es muy importante ser conscientes del papel que juegan nuestras creencias en nuestras vidas, y como nuestra libertad aumenta a medida que las reducimos, a medida que nos mostramos receptivos a lo nuevo, y que buscamos la relación directa con las cosas y con nuestro propio interior. 

   Primero la comprensión que va más allá de los miedos, de los conceptos mentales y de las emociones, tras esta comprensión viene la liberación. 

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