Hay quien admira a las libélulas por sus colores, otros por la belleza de vuelo, hay quien las considera crueles e implacables cazadoras. Quienes no sacan conclusiones estéticas o moralistas, consideran que son seres vivos que forman parte de la biodiversidad y que contribuyen al equilibrio ecológico, un equilibrio en el que todo depende de todo. Además, son libres, como libre es quien vuela bajo el cielo azul.
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