sábado, 24 de septiembre de 2016

OLVIDOS Y RECUERDOS

 
        Todo recuerdo siempre está distorsionado por la niebla del tiempo, y a medida que pasa el tiempo, la niebla se hace más espesa.



   Los olvidos y los recuerdos son selectivos, y cada uno de nosotros selecciona inconsciente-
mente aquello que quiere recordar y lo que quiere olvidar, y lo hace en función de multitud de factores personales. Sin embargo, hay aspectos que son generales para todos.


 Recordamos aquello que en su momento nos impactó mucho, tanto si fue agradable como si fue doloroso. 


 Recordamos aquello que pensamos que es acertado y que puede resultarnos útil. 


 Aquellas cosas que no usamos en el presente tienden a olvidarse, y el paso del tiempo va borrando unas cosas y distorsionando otras.


 Pese a que valoramos más las situaciones placenteras que las dolorosas, recordamos más las dolorosas. Esto se debe a que para sobrevivir necesitamos evitar los peligros y el dolor, y recordar estas situaciones nos hace conscientes del peligro que pueda aparecer en cada momento, mientras que en las placenteras no vemos ningún peligro. Sólo los nostálgicos recuerdan más los placeres, pero idealizan el pasado, lo distorsionan.


 De los demás siempre damos más importancia al daño que nos hicieron que las ayudas y placeres que nos dieron, y esto es así, no porque seamos rencorosos o ingratos, sino porque para evitar los peligros necesitamos recordar más el dolor que la ayuda y el placer. 


De nosotros mismos recordamos más lo que hemos hecho por los demás que lo que ellos hicieron por nosotros, y esto no es egoísmo, es que necesitamos que los demás nos ayuden cuando los necesitamos y por eso recordamos más lo que nos deben que lo que les debemos. Además, devolverles lo que les debemos nos roba libertad y placeres, por lo cual, tendemos a olvidarlo. 


  Estas características de los olvidos y de los recuerdos son naturales, pero la sociedad se guía por normas morales, las cuales muchas veces entran en contradicción con lo natural que llevamos dentro, robándonos nuestra libertad interior y creándonos sentimientos de culpa. 


  Mientras no seamos capaces de guiarnos solamente por la intuición y por las actitudes armónicas, necesitaremos de los recuerdos para vivir. Sin embargo, los recuerdos no son una buena guía para conocernos a nosotros mismos, pues el dolor que siente nuestro ego ante determinados recuerdos hace que los olvide o los distorsione. 


  Los recuerdos que tenemos cotidianamente siempre nos traen una parte del dolor que sentimos y nos fuerzan a buscar la serenidad y el bienestar, sin embargo, esto tiene el potencial de estimularnos a seguir nuestro camino espiritual, pues sólo en él encontraremos la serenidad y podremos aprender a aceptar este dolor cotidiano como algo natural. 


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