A los filósofos y a los cientificos, después de cada respuesta les surgen nuevas preguntas, y así sucesivamente.
A los creyentes, cuando una respuesta les encaja en sus creencias, la consideran como otra Gran Verdad. Cuando no les encaja, la consideran otra Gran Mentira.
Los sabios comprenden y aceptan lo natural,
y como siguen siendo receptivos y flexibles,
dejan de preguntar.
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