La razón, en principio, se presenta a sí misma,
como la única capaz de conocer y de demostrar que es lo verdadero, que es lo falso, que son opuestos entre ellos, y que éstas verdades se han de seguir en todos los casos.
Cuando la razón se percata de la rigidez de éstos planteamientos, se le presenta la opción de la flexibilidad, de la adaptación a las diferentes situaciones.
Rigidez, flexibilidad,
para que su dualismo
por sí solo perezca,
¿Cómo nos podemos liberar
de la lucha entre ambas?
Dejemos a las emociones,
a las intuiciones,
y a los demás aspectos
que nos guían
desde dentro y desde fuera,
que se complementen con la razón,
y con su mejor aliada, la inteligencia...
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