A los arrogantes y a los humildes se les puede clasificar de muchas maneras, se les pueden atribuir muchos defectos y muchas virtudes, y pueden provocar en cada uno de nosotros toda la gama de las emociones y de las opiniones.
Cada uno de nosotros tiene su propia visión sobre ellos, una visión que depende de aquello que valoramos, de aquello que creemos. Así, cuando vemos las emociones que nos provocan y las opiniones que tenemos respecto a ellos, les estamos juzgando, pero no les estamos definiendo, si no que estamos definiendo nuestro propio nivel de conciencia, creyendo que ese nivel somos nosotros mismos.
A la hora de definir la visión que tenemos de nosotros mismos, ¿Cuántas de las cosas condenadas o admiradas en los arrogantes y en los humildes también las tenemos en nosotros mismos? ¿Cuántas olvidamos, cuantas ocultamos, cuantas exageramos?
Todo esto es solamente un ejercicio de dualista de moralidad, tanto de la ajena como de la propia, pero tengamos en cuenta que la sabiduría, la libertad y la armonía, se encuentran detrás de cualquier dualismo moral, los valores morales agitan y distorsionan la realidad de las cosas, pues ni el Universo ni la Naturaleza se rigen por valores morales.
Cuando hablamos lo hacemos llevados por una o por varias de las siguientes razones:
* Por vanidad, para justificarnos, para hacernos las víctimas.
* Para sacar emociones y energías, para que no se nos queden dentro y se vuelvan tóxicas.
* Para combatir por conseguir algo o defender algo. Estos combates adoptan muchas formas, una de las cuales es la seducción.
* Para sentirnos acompañados y amados, para conseguir que los demás vean en nosotros una compañía placentera.
* Para convencer a los demás de nuestras creencias, pues toda creencia tiende a expandirse y a veces a imponerse.
* Para comunicar o enseñar un conocimiento.
* Llevados de la única intención de compartir conocimientos y afectos con personas afines a nosotros.
Cuando callamos lo hacemos llevados por una o por varias de las siguientes razones:
* Porque no sabemos que decir, o porque nos sentimos inferiores o ignorantes.
* Para evitar críticas, ataques, desprecios, conflictos...
* Para no provocar incomodidades a los demás, para no atacarles, para no mostrarles nuestro desprecio o cualquiera de nuestros sentimientos.
* Para escuchar y para comprender.
Primero hablar, después callar, después comprender, así empezamos a adquirir sabiduría, la cual nos irá diciendo cuando cuando hablar, qué decir y cuando callar, pues lo importante no es hablar o callar, lo importante es comprender.
Los demás nos exigen sinceridad y nosotros a ellos, pero todos nos ofendemos cuando escuchamos cosas que no queremos oír. Por eso dice un refrán: "Quien dice las verdades pierde las amistades". La sinceridad, como cualquier otro valor moral creado por la sociedad, confunde más que aclara y crea más conflictos que los que resuelve. Así, la única sinceridad posible y aconsejable es la propia verdad interior, y esa verdad no necesitamos comunicarla con palabras y la entendemos mejor sin conceptos, esa sinceridad la ve en nosotros aquel que también se guía por la suya propia, y por lo tanto el silencio dice cosas más sabias y más sinceras que las palabras.
La mariposa abre las alas y las cierra armonizando con el aire y con el espacio disponible, y así vuela libremente y se posa serena. ¡Qué gran maestra!
* Las emociones y la mente ven tres cosas diferentes, para ellas, lo que cuenta es la supervivencia, y para la supervivencia las diferencias son lo que más cuenta.
* Para el ego, son inferiores, para él, frente a los demás seres, los hombres somos dioses.
* Para la moralidad, el cardo es malo y las mariposas son buenas, y lo son, sólo porque son bellas y porque no se pinchan con ellas.
* Para los amantes de lo bello, ellos ya han visto mariposas más bellas y fotos con más mérito.
* Unos no ven al cardo. Para el campesino el cardo es una mala hierba, para el ecologista: ¡Hay que protegerla!
* Para quienes creen que hay cosas más importantes que hacer y que ver: "Bah, sólo son dos mariposas en un cardo". Pero también está él, que ahora esta mirando y opinando, él que se cree diferente y separado.
* Opiniones, separaciones, diferencias. Pero falta la visión de la conciencia. ¿Cómo lo ve la tuya, cuando está serena, cuando está en lo hondo, cuando en lo alto vuela, cuando está despierta?
Dos mariposas, un cardo, una foto, y tú que estás mirando y pensando. ¡Con qué poco la vida se convierte en escuela!. ¡Qué poco se necesita para que quien quiera atienda!.
Cerca vemos lo pequeños,
lejos vemos lo grande.
¿Pequeño? ¿Grande?
¡Ver es lo importante!
No comprendemos debido a lo que vemos,
si no por la manera en la que miramos.
La mirada serena, inocente y clara.
La conciencia luminosa y alada.
Somos materia, polvo de estrellas, y de ellas
y del Universo recibimos la Energía
que nos anima y la Luz que nos ilumina.
Somos formas, y con la luz reflejamos los colores,
formas, que al considerarlas útiles para conseguir unas cosas,
se vuelven inútiles u obstáculos para conseguir otras.
Colores, que cuando los vemos bellos,
por comparación surge lo feo.
Somos receptivos, y por ello,
recibimos lo necesario de la Sabiduría.
Somos conciencia, y por ello,
recibimos la Luz y la Energía.
¿Ser?, ¿Recibir?
En lo alto, en lo ancho y en lo hondo
son lo mismo, son la Nada y son el Todo.
La acción, sólo es sabia, cuando la usamos
para conseguir y para conservar lo que necesitamos
para vivir y para desarrollar nuestros potenciales naturales.
El reposo recupera energías y comprende lo que ve,
lo que siente, se cuestiona lo que cree, confía en lo que intuye,
y deja sólo a la conciencia el mapa, el camino y el horizonte.
Acción y reposo,
abriendo y cerrando las alas,
así, sin más, en libertad volamos.
Por dentro y por fuera, ¿Cuál es la diferencia?
Las diferencias las ven los ojos, la inteligencia y la ciencia,
pero todo es Uno para la conciencia.
Un Uno que en todas las apariencias se nos muestra.
La inteligencia y la ciencia construyen y consiguen, y de tanto desear, nunca se contentan ni se serenan.
La sabiduría desde la serenidad observa, y así comprende, armoniza y libera.
Inteligencia y sabiduría, ¿Dónde están las diferencias?
Mira en tus creencias, después, prescinde de ellas.