miércoles, 29 de julio de 2026

CONFIAR Y NO CONFIAR EN LOS DEMÁS

 


 Cuando confiamos en alguien y nos muestra claramente que merece nuestra confianza, nos sentimos seguros, equilibrados, sentimos un gran bienestar y nos sentimos impulsados a cultivar y a poner en práctica lo mejor que llevamos dentro. 

   A veces es necesario desconfiar de ciertas personas, pues así evitamos muchos peligros y problemas, pero  a pesar de ello, cuando desconfiamos se producen en nosotros efectos contrarios a cuando confíamos. 

   Aquí se nos presenta la cuestión de qué es más sabio:  

*¿Ser confiados o desconfiados?

 *Confianza, desconfianza, 

  ¿Cómo las alternamos?


   Con mucha frecuencia se nos presentan situaciones en las que confiamos más y en las que confiamos menos:

 *Confiamos más en las personas que tienen características similares o iguales a las nuestras, que en las que tienen pocas de esas características.

 *Confíamos más en quienes nos dicen lo que queremos oír, que en aquellos que nos dicen lo que realmente  piensan y sienten. 

 *Se suele confiar más en los héroes,

    que en los sabios.

 *Se suele confiar más en los fuertes y capaces,

    que en los libres y sensatos. 

 *Y está la confianza depositada en los seductores y en los farsantes, cuando los confiados no ven sus  intenciones.

 

 Ahora se nos presentan dos grandes cuestiones:

  *¿Sabemos el por qué de éstas preferencias en nuestras confianzas?

  *¿Cómo serían las relaciones entre las personas,

     si cada cual recibiera la confianza que merece?

Ante las difíciles  respuestas,

o ante la escasez o la falta de ellas,

confiemos en que somos caminantes

 y en que tenemos un camino se serenidades

 y de comprensiones  por delante. 


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