Farsa
y comedia.
Del drama,
causa
y consecuencia.
Mercaderes en campaña,
ingenios, que a los ingenuos
dirigen burdas proclamas,
sonrientes máscaras
que pretenden confianza,
que a la ambición
disfrazan de poderosa hada,
y halagan al comprador.
Contra lo negro de tu pobreza,
el radiante sol de mañana.
Contra el hielo de tu impotencia,
el fuego de la leña de mañana.
Contra todas tus penas,
las alegrías que te daré mañana.
Contra tus desconfianzas,
mi honestidad de mañana.
Aunque en democrático derecho,
es libre el mercado
y libre el comprador,
opciones sólo se permiten dos:
qué lista es mala, cual es la peor.
Lo demás no es democrática razón:
es incívico,
utópico,
revolucionario...
Y sin embargo,
es lo libre y lo necesario.
Al fin,
atrás quedaron:
metas, afanes, responsabilidades,
algunos logros y sus precios tan caros,
y tantas frustraciones y fracasos.
Ahora,
roto ya el cascarón dorado
de las hueras ilusiones,
de la sencillez va manando
el sentido de lo hondo y de lo alto.
Sólo quien,
a las añoranzas va derrotando,
las nuevas sensaciones
a sus heridas van curando,
y sólo sus esencias le van guiado.
Ahora, soy aconsejado:
¡A vivir bien, jubilado!
Pero sólo ahora,
de las obligaciones liberado,
voy notando
que no es vivir bien,
sino el bien vivir,
lo que me trae regalos.
Guardián y prisionero,
alerta en la terraza
permanece el perro.
Guardián y preso de sus deseos,
el hombre con todas sus armas,
lucha y daña como cruel guerrero.
Pero pronto pasa el tiempo,
y en la puerta de la casa abandonada,
unas humildes flores están creciendo.
Ha vuelto la primavera,
el sol en los lirios
su fulgor nos muestra.
Llueve sobre la universal Madre,
la que sedienta y abierta recibe,
el regalo de los siete mares,
viajero al viento, líquido nutriente.
Llueve sobre la honda Madre,
la que contiene y sostiene,
semillas, raíces, tallos, tronco,
y tanto seres invisibles a los ojos.
Serenamente llueve,
sobre cada hierba,
sobre cada hoja,
bajando hasta cada germen.
El Cielo Padre y la Tierra Madre,
gota a gota, sol a sol,
verde a verde, flor a flor,
todo, otra vez, nos lo devuelven.
Dejar que de la conciencia,
la fuente mane,
que riegue, que sacie,
que al arroyo le acoja la ladera,
al río, el prado y el valle,
al corazón, la cabeza,
la voz y la mirada, a la esencia,
la libertad, a los siete mares,
sol, nubes con el viento viajeras,
gotas que al suelo empapen,
y cuando las tormentas escampen,
caminos sencillos, horizontes de llaneza.
Brillo de la luz interna,
sencilla belleza, sabia inocencia,
de toda esencia, la sutileza.
Pero esquiva, huidiza,
va, viene, presencia efímera...
Mas todo lo hondo,
quedará escrito en la tierra,
con raíces del alma,
con pluma que el aire lleva.